martes, 31 de agosto de 2010

BIOCOGNICIÓN EN LOS RECEPTORES DE LAS MEMBRANAS CELULARES: DE LA BIOCULTURA A LA CITOCULTURA

Dr. Jorge Santiago
jorgesantia@gmail.com


Cuarto Congreso Virtual de Psiquiatría, Interpsiquis 2003. Mesa Redonda: Psicosomática, www.Interpsiquis.com

Mario E. Martínez* y Jorge L. Santiago**

Resumen

Teniendo como punto de partida la Teoría Biocognitiva postulada por Mario E. Martinez elaboramos un modelo comunicativo de coemergencia contextual entre la cognición y la biología a nivel de las membranas celulares y del genoma el cual presenta implicancias en las ciencias de la vida no solamente para comprender como la cultura se incorpora y coemerge con la biología desde la concepción, sino también para encontrar aplicacionesterapéuticas.

Proponemos la existencia de biocogniciones simbólicas las cuales se contextualizan a nivel molecular y se expresan en actividad física por activación del genoma y movilización de los receptores de membrana, asimismo sugerimos que los procesos de biocognición genómica influyen en la regulación de la expresión de los genes durante la embriogénesis y durante toda la vida del individuo de acuerdo al "valor contextual evolutivo".

Postulamos que los procesos en el horizonte espaciotiempo prelineal-lineal implican uncuerpo de actividad genómica y sus correlatos en la comunicación citocultural.

La expresión en portales de manifiesto responde al estado ADN biocultural adquirido desde la concepción y en el tránsito de la vida. Argumentamos que el ser humano es más evolutivamente biocognitivo en tanto adquiere y desarrolla su cultura la cual modifica contextualmente su biología desde la concepción. Esta coemergencia biología-cognición explica el porque lo simbólico puede traducirse a nivel molecular en salud y también en enfermedad.

Proponemos principios cuánticos de sin localidad y caóticos de sin linealidad para explicar la biocognición endógena, así como la existencia de estados de predisposición bioinformacional de empoderamiento relacionados a la salud y predisposición bioinformacional de indefensión relacionado a enfermedad. Por tanto, la biocognición define la predisposición contextual del organismo a un nivel total y la biología lo ejecuta a un nivel local, en el ser humano no existe la biología sin cognición, ni la cognición sin biología.

*Mario E. Martinez, Psy.D. Es el fundador de la teoría biocognitiva y director del Institute of Biocognitve

Psychology en los Estados Unidos. Email: ibp@biocognitive.com

**Jorge L. Santiago, M.D. Es el director de la filial del Institute of Biocognitive Psychology en Lima, Peru.

Email: jorgesantia@yahoo.com.ar

Principios Biocognitivos

En la teoría biocognitiva (TB) argumentamos que todos los antígenos tienen influencias bioculturales y por tanto debe existir un proceso que inicia la respuesta inmune desde lo menos cultural (antígeno físico) hacia lo más cultural (antígeno simbólico). Es decir, el antígeno responde a un espectro con cargas físicas o simbólicas que se expresan en proporciones determinadas por el estímulo y el contexto biocultural que lo gatillan. El estímulo simbólico inicia respuesta que se contextualiza en biocogniciones endógenas y el estimulo físico inicia respuesta que se contextualiza en biocogniciones exógenas (Martínez, 2003a). Podemos especular que la memoria inmune contiene archivos endógenos y exógenos con diferentes cargas bioculturales. Por ejemplo, dermatitis gatillada por un contexto fóbico representa una biocogniciòn endógena con carga simbólica alta, mientras que una inflamación gatillada por microbios representa una biocognición exógena con carga física alta. Mas que una simple división cartesiana entre self y no self, la respuesta inmune se contextualiza en un espectro biocultural.

Ader y Cohen (1975) entrenaron ratas a suprimir respuestas autoinmunes empleando acondicionamiento clásico. Algo similar ocurre en los eventos simbólicos que amenazan la seguridad del organismo. Es decir, no solo existe el estado de “fight or flight” causado por eventos estresantes externos, sino también existen respuestas autoinmunes causadas por biocogniciones endógenas que gatilla as if responses – respuestas como si fueran – en defensa contra antigenos exógenos. Debemos aclarar que las biocogniciones endógenas no son errores inmunes sino reacciones que compensan deficiencias de empoderamiento psicosocial – si el organismo no se defiende psicosocialmente, los conductos inmunes lo defienden fisiológicamente. Esa compensación es evidente en la indefensión psicosocial que se nota en pacientes con trastornos autoinmunes (Solomon et al, 1991; Martínez, 2003a)

La Biocultura y sus expresiones biológicas

Los matices de respuestas inmunológicas a biocogniciones se producen en una gama de intensidades endógenas-exógenas. Desde antes del nacimiento y con la adquisición de contexto e historia el ser humano incorpora cultura a su biología y se convierte en un ser biocultural -- desde entonces todos sus procesos vitales son bioculturales. Influidos por su contexto, historia y cultura, los procesos bioculturales se expresan al nivel inmunocelular en el reconocimiento, comunicación y activación de los anticuerpos, citoquinas, citotoxinas. Es decir, la biocultura es la traducción de la historia cultural a la actividad celular.

La biocognición inmunológica va dirigida al reconocimiento y aceptación de las señales moleculares que identifican a las células del organismo como propias y al reconocimiento y rechazo de las señales moleculares que identifican a las células del organismo como extrañas.

En el caso de las biocogniciones endógenas, un intenso sentimiento de auto odio y auto rechazo, "deseos de desaparecer" podría desencadenar o exacerbar una actividad inmunocognitiva de auto rechazo como en una enfermedad autoinmune.

Una endobiocognición de indefensión o desesperanza puede estar asociada a disminución de la capacidad inmunocognitiva en forma de inmunodeficiencia.

Mientras que la endobiocognición de empoderamiento está relacionada con aumento de la capacidad inmunocognitiva manteniendo a la persona sana o recuperando su salud.

Entonces, la inmunología del ser humano no solamente es un proceso biológico como en el nivel de seres vivos de escala evolutiva inferior, sino que es un proceso biocultural el cual puede estudiarse en laboratorio valorando actividad in vivo.

Spiegel, et al (1996) midió la actividad de las células antitumorales NK en mujeres portadoras de cáncer de mama metastásico antes y después de una discusión de pareja; encontró que la actividad NK disminuía rápidamente y tardaba más que los controles en recuperarse a su nivel.

Los estímulos simbólicos y físicos se contextualizan en el nivel molecular y se expresan en la célula desde el ADN hasta la membrana celular.

Esta integración que llamamos proceso biosimbólico, libera la dicotomía que existe entre lo cognitivo y lo biológico en las ciencias de la vida al conceptuar lo simbólico como un potencial de expresión física que se colapsa en portales de manifiesto (células, órganos, conductos) de acuerdo con la relevancia de contexto endógena-exógena que impone el campo bioinformacional.

Además de las interacciones biocognitivas endógenas-exógenas, sugerimos la existencia de interacciones biocognitivas genéticas-epigenéticas. El organismo biocultural evoluciona genéticamente y desarrolla epigeneticamente. La historia cultural es la “geografía” del aprendizaje epigenético (Martínez, 2003b). Al nivel celular, el ADN (horizontes internos) no es una entidad exclusivamente genética y estática limitada a la evolución, sino un proceso dinámico que desarrolla con la bioinformacion epigenética que ofrece la biocultura.

Experimentos de aprendizaje epigenéticos con ratas de laboratorio demuestran que cuando la rata sobrevive un veneno, no solo aprende a evadirlo sino sus descendientes también evaden ese veneno sin aprendizaje previo (Dawkins, 1998).

La biocognición contextualizada en el ADN busca alcanzar máxima relevancia de contexto de acuerdo a las expectativas bioculturales de la persona y el "valor contextual evolutivo", es decir una fusión entre los "deseos o visión de futuro de la persona" y "el valor de beneficio que producirá en el contexto". Estos procesos de biocognición genómica pueden influir la fertilidad, en la elección del sexo en la concepción y en la regulación de la expresión de los genes durante la embriogénesis y durante toda la vida de la persona de acuerdo al "valor contextual evolutivo".

Sugerimos que los deseos o visión de futuro de la madre en un contexto cultural determinado influyen a través de la biocognición genómica (expresada molecularmente en el ADN) en las características del desarrollo intrauterino, así mismo también el valor contextual evolutivo "dirige" estas características de desarrollo.

Expresiones afectivas como el amor y la empatía o expresiones cognitivas como el optimismo, respuestas resilientes frente a situaciones estresantes, también se contextualizan biocognitivamente en el ADN. Estas expresiones de máximo valor contextual evolutivo, activan los procesos de biocogniciòn genómica que activan la longevidad del individuo.

Experiencias realizadas en salas de neonatología con bebés prematuros y ancianos de casas de reposo han mostrado que cuando los ancianos acarician amorosamente la piel de los neonatos a través de la incubadora, estos desarrollaban más pronto y los ancianos mejoraban sus perfiles de salud. Esa reciprocidad entre la infancia y la vejez, demuestra como la coemergencia del amor beneficia el desarrollo del ser humano desde el principio hasta el final de su viaje personal.

La mayoría de los biólogos aceptan que el valor de un ser vivo es máximo durante su etapa de fertilidad y decrece cuando esta disminuye, es decir que para la naturaleza "no tiene valor" un ser que ya no puede producir descendencia, que ya alcanzó su más alto "valor contextual evolutivo". Sin embargo el ser humano puede mantener elevado este valor contextual evolutivo aún mucho tiempo después de haber culminado su periodo de mayor fertilidad. Un ejemplo son los ancianos que alcanzan mayor longevidad cuando son valorados por su contexto cultural y familiar como en el caso de los que participan activamente en el cuidado y la transmisión de cultura a los nietos.

Biocultura en las membranas celulares

En la TB proponemos como la biocultura puede influir el up regulation y down regulation de los receptores en las membranas celulares. La biocognición contextualizada a nivel molecular encuentra su expresión en las membranas celulares regulando la población de las proteínas receptoras, las cuales reconocen las señales biocognitivas de comunicación molecular entre las células.

Este "diálogo" biocognitivo entre células es "traducido" al interior de ella hasta el genoma manteniendo las vías de comunicación horizonte interno horizonte externo.

Las influencias farmacológicas de los placebos y nocebos son ejemplos persuasivos de cómo el contexto biocultural puede afectar al organismo en el ámbito de membrana celular. Cuando se les informa a sujetos que han recibido una inyección que causa alergia, broncodilatación o broncoconstricción, tienen una reacción de acuerdo con las instrucciones que recibieron, lo cual sugiere un efecto de nocebo que se origina en la expectativa que se les presentó (Hahn, 1997). Si se considera que las inyecciones eran inertes o de drogas diseñadas para crear un efecto opuesto a las expectativas, estos estudios demuestran que la interpretación biocultural del evento afecta la reacción farmacológica de la droga. Es decir, las inyecciones eran de agua salina, drogas broncoconstrictivas o broncodilatadoras, pero las reacciones fueron mayormente afectadas por la expectativa del sujeto. En el primer grupo el agua salina causa la reacción de alergia que se anticipaba, y en los otros dos grupos reaccionan contrario a lo que la droga debía causar bioquímicamente.

También podemos encontrar ejemplos en la patología de los conductos endocrinos como el de la resistencia de la hipófisis a producir hormona de crecimiento cuando el niño está desprovisto de caricias afectivas y físicas, recuperando su función cuando el niño recibe estas expresiones de afecto.

La regulación de la población de receptores por biocognición también se realiza en los receptores intracelulares e intranucleares para hormonas esteroides como los estrógenos, la progesterona, la testosterona y el cortisol. Se ha postulado que experiencias tempranas traumatizantes producen una alteración en la regulación de receptores para el cortisol en el hipotálamo que es responsable del aumento de la descarga de CRH en el estrés debido a fallas en el proceso de retroalimentación negativa que regula el eje adrenal – las consecuencias son el aumento de cortisol y sus efectos deletéreos en la salud.

Es decir que las biocogniciones contextualizadas regulan a nivel de los conductos NEI la gama de respuestas a nivel molecular asociadas a la salud y la enfermedad ya desde edad temprana.

Los estados de salud y enfermedad buscan relevancia de contexto en las biocogniciones de empoderamiento e indefensión respectivamente. El threshold de acción, desde los pensamientos hasta los receptores de las membranas celulares, se gatilla de acuerdo con la relevancia de contexto bioinformacional que coemerge en las interacciones endógenas (organismo y ambiente interno) y las interacciones exógenas (organismo y ambiente externo). En consecuencia, el estado biocognitivo de empoderamiento busca máxima relevancia de contexto en los recursos del organismo, mientras que el estado biocognitivo de indefensión busca máxima relevancia de contexto en las debilidades del organismo.

De la Psiconeuroinmunologia a la Biocognición

En los últimos treinta años la psiconeuroinmunologia (PNI) ha comprobado elegantemente la comunicación bidirecional que existe entre procesos cognitivos y biológicos (Ader, 2000; Solomon, 2000). No obstante, la PNI carece de modelo teórico para comenzar a conceptuar como las influencias bioculturales afectan las comunicaciones celulares. Martínez y Santiago (2001) expanden el concepto biocultural a lo que llaman citocultural en el cual sugieren que también existe una cultura orgánica al nivel celular que puede reaccionar selectivamente a interpretaciones de complejidad cultural o estados primordiales de alarma.

Las implicancias del modelo de biocogniciones contextualizadas molecularmente presentan grandes aplicaciones en las ciencias de la vida, no solamente para comprender como la cultura se incorpora y coemerge con la biología desde la concepción, sino también para encontrar aplicaciones terapéuticas buscando alcanzar la máxima relevancia

de contexto en el sentido del "valor contextual evolutivo" y expectativa biocultural de salud.

En otras palabras, es posible acceder a un estado biocognitivo de empoderamiento que se traduzca a nivel molecular en un "maximun" de actividad genómica, intracelular y de membrana con longevidad de la persona en salud individual y contextual.

El sistema nervioso simpático (SNS) predomina durante el coping en estado de sumisión, pero cuando el coping cesa al darse por vencido el organismo en ese estado de sumisión, predomina el proceso de glucocorticoides (Henry, 1977).

Eventos de estresores sin escape aumentan el nivel de glucocorticoides, y el desplazamiento de agresión lo disminuyen (Weiss, 1972). El aislamiento psicosocial activa el SNS, y el apoyo psicosocial reduce la concentración de glucocorticoides (Sapolsky, 1999).

Aunque podemos sugerir que el estado de hipervigilancia presenta un perfil (SNS) y el de indefensión presenta un perfil glucocorticoide, esos estados neuroendocrinológicos no se pueden tomar como una simple explicación que reduce el evento biocognitivo a la bioquímica.

Es mas preciso indicar que la biocognición es una danza biocultural que busca coherencia en el balance de alostasis ( óptimo multidimensional) más que en el concepto tradicional de homeostasis (óptimo unidireccional).

Los linfocitos B interpretan la bioinformacion intercelular (horizontes externos) y los linfocitos T interpretan la bioinformacion intracelular (horizontes internos).

Extrapolamos que la citocultura B y la citocultura T no solo logran una respuesta inmune que defiende los horizontes celulares internos y externos al coordinar sus ataques contra antígenos orgánicos, sino tambien responden a antígenos simbólicos a través del proceso de as if responses (como si fueran) que hemos presentado. Por supuesto, el antígeno simbólico es un potencial cualitativo que se colapsa de lo simbólico a lo físico cuando el organismo responde a una biocognición endógena. Por ejemplo, una memoria de símbolo aversivo puede imitar las condiciones neuroinmunoendocrinologicas que señalan la presencia de un antígeno físico.

Los casos de inmunosupresión similar al SIDA sin presencia detectable de virus y otros estados inmunológicos sin presencia evidente de antígenos orgánicos responden claramente a procesos de biocognición endógena. Asimismo, más que una dicotomía endógena-exógena se trata de una gama de posibilidades inmunocognitivas de respuesta como expresión lineal de la bioinformación.

En la TB notamos las limitaciones conceptuales de la física newtoniana y proponemos principios cuánticos de sin localidad y caóticos de sin linealidad para explicar la biocognición endógena. Los procesos endógenos se conceptualizan como un potencial sin localidad y sin linealidad en la totalidad del campo bioinformacional del organismo.

Condiciones simbólicas que retan la coherencia bioinformacional, se colapsan de la sin localidad y la sin linealidad en portales de manifiestos físicos con localidad y con linealidad de acuerdo con las proporciones de carga simbólica-física que derivan del espectro biocognitivo.

Postulamos que los procesos en el horizonte espaciotiempo prelineal-lineal implican un cuerpo de actividad bioinformacional donde el estado biocognitivo define la actividad genómica y sus correlatos en la comunicación citocultural. La actividad celular en un momento determinado corresponde a un estado ADN biocultural que regula la citocultura.

La expresión en portales de manifiesto responde entonces al estado ADN biocultural adquirido desde la concepción, dependiendo en primera instancia de la madre durante el embarazo y gradualmente y a medida que incorpora historia contextual va a depender del individuo que se va convirtiendo más plenamente en un ser biocognitivo.

Desde la niñez y en el transito de las distintas etapas de la vida los grados de empoderamiento biocognitivo que adquiere y crea el individuo coemergiendo con su contexto definen el control biocognitivo de la salud. La perdida o disminución del empoderamiento biocognitivo está relacionado a enfermedad por cuanto implica grados de indefensión biocultural.

El estado biocognitivo de la actividad bioinformacional expresado a nivel molecular resulta en expresión y regulación genómica de todos los procesos celulares.

Es decir que la cultura al incorporarse contextualmente a la biología se convierte en biocultura y se expresa en biocogniciónes. El ser humano es más evolutivamente biocognitivo en tanto adquiere y desarrolla su cultura la cual modifica contextualmente la biología desde la concepción.

Esta coemergencia biología-cognición explica el porque lo simbólico puede traducirse a nivel molecular en salud y también en enfermedad.

Hershberg y Efroni (2001) proponen que el sistema inmune es un sistema cognitivo al no limitarse a un plan preordenado y al necesitar interacciones con sus ambientes para definir las sensibilidades con las cuales opera. La cognición, o más precisamente, la biocogniciòn del sistema inmune es evidente principalmente en los antigenos simbólicos los cuales definimos como un evento que se colapsa de lo simbólico a lo físico a través de mímicas orgánicas. Es decir, el símbolo es un precursor físico que existe con potencial para manifestarse de acuerdo con la relevancia de contexto que le impone el campo de bioinformación.

Aunque la comunicación mente-cuerpo ya no se puede negar en las ciencias de la vida, es necesario tomar un riesgo intelectual para especular como se navega esa comunicación y donde se origina. En la teoría biocognitiva, se da un salto paradigmáticoico sin caer en la trampa reduccionista que nos limita a ver un origen exclusivamente biológico de causalidad ascendente.

Sabemos que para razonar las comunicaciones al nivel celular es imprescindible comenzar con los receptores de sus membranas. No obstante, ese comienzo es un punto de referencia en lugar de un origen. Los receptores celulares son mas que portales de comunicaciónes porque además de transcribir las señales ínter-intra celulares reflejan el estado bioinformacional del organismo.

Los receptores celulares interpretan las señales de comunicaciones de acuerdo con el contexto local y con la predisposición del campo bioinformacional. Por ejemplo, los receptores de cortisol solo aceptan la comunicación cortisol–trópica, pero el grado de aceptación en un estado de predisposición bioinformacional de empoderamiento es diferente a un estado de predisposición bioinformacional de indefensión.

En resumen, la cognición define la predisposición contextual del organismo a un nivel total y la biología la ejecuta a un nivel local. Por tanto, en el ser humano no existe la biología sin cognición, ni la cognición sin biología.

Referencias

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Santiago, Jorge L. (2001) Un Salto Paradigmático: De la Red Psiconeuroinmunoendócrina al Modelo Biocognitivo de la Salud. Segundo Congreso Virtual de Psiquiatría, Interpsiquis 2001. Mesa Redonda: Psicosomática, Psiquiatria.com

Santiago, Jorge L. (2002) Aplicación Clínica de la Teoría Biocognitiva, Modelo: Artritis Reumatoide. (Enfoque biocognitivo de la artritis reumatoide). Boletín Amulen N°2. www.integracionclinica.com.ar

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